Ravioli de huevo

Ingredientes para 1 unidad:

1 alcachofa

1 yema de huevo

2 lonchas finas de jamón

1 rebanada de pan de molde sin bordes

AOVE

Sal, pimienta y mantequilla

 

Preparación:

Lo primero que tenemos que hacer el día anterior es congelar una yema de huevo. Separamos la yema de la clara y colocamos la yema sobre un trozo de papel film que a su vez pondremos encima de un cuenco pequeño. Cogemos las cuatro puntas del papel film y las enroscamos haciendo como un paquetito. Lo llevamos al congelador hasta el día siguiente. También puede estar solo unas horas, medio congelada.

Cortamos la alcachofa en finas láminas, las salpimentamos y las freímos al gusto del comensal. 

Sacamos el jamón de la nevera a temperatura ambiente, que sude un poquito. Y la yema del congelador.

Con la ayuda de un rodillo aplastamos la rebanada de pan hasta casi su tercera parte, la queremos lo más fina posible. La cortamos por la mitad y un poco más cada mitad para que no queden las tiras tan anchas pero que quede la yema cubierta de pan.

Montamos el pan en forma de cruz. Colocamos la yema justo en el centro donde se cruzan las dos tiras de pan. Envolvemos la yema a modo de ravioli y extendemos un poco de mantequilla o margarina para que el pan se pegue.

Introducimos el ravioli de pan en aceite caliente y lo vamos friendo por todos sus lados, hasta que lo veamos dorado. Si nos pasamos friendo, la yema quedará completamente cuajada. Si queremos que nos quede como la de un huevo frito, el pan lo dejaremos simplemente dorado.

Ya solo nos quedará emplatar. En la base pondremos las láminas de alcachofa, alrededor el jamón y encima de todo la yema envuelta.

 

Notas:

Es una forma bonita y moderna de presentar el clásico plato de huevos rotos pero sustituyendo las patatas por alcachofas y los huevos fritos por esta especie de ravioli de pan. 

Una cosa a tener en cuenta es el punto de la yema. Aquí pasa un poco como con los huevos duros, hay gente que prefiere la yema poco hecha tipo mollet, otros que la prefieren más hecha, etc. Para conseguir el punto que queramos de la yema, lo que vamos a controlar es la fritura del pan. Si la queremos completamente hecha lo freiremos mucho y si es al contrario, lo dejaremos simplemente dorado. También depende del nivel de congelación de la yema; si está medio congelada, en cuanto empecemos a freír el pan se quedará muy hecha. Por eso yo prefiero sacarla del congelador en el momento de hacerlo y lo podemos freír más, quedando el pan más crujiente. Pero es cuestión de ir probando.

Si haces esta o cualquier otra receta de mi blog estaré encantada de ver el resultado y que me cuentes qué te ha parecido.


Mi interior


Música: Vegana, de Marie Bernete





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